Destinado a no ser, me descubro los ojos a oscuras, mientras rezo a quien quiera escucharme, con la pesada ilusión del sueño polvoriento que lucha por salir del baúl. Con las ganas rotas del vaso chocando contra la pared, con la esperanza intacta del que se marcha sin querer volver.
La ventaja de ganar el juego, de respirar y cobrar la recompensa. De no morir más veces de las necesarias en un mismo día, y esperar a alguien leyendo un libro... Que al final, sube la marea, y nos sorprende a todos con los pies mojados.
Necesitado de lo inefable colgando de las puertas, de las idas y venidas de un aeropuerto. De ese mañana que nunca llega clavado en la pared... Del vértigo al saltar en la cama, y forzar el atrevimiento de no caer desde tus cinco centímetros de aliento...
¿Qué harías si no tuvieras miedo?.