jueves, 27 de abril de 2017

Bla, volumen I




 Pierdo en canciones que no valen, 
en las risas que no saben;
del querer que sea eterno, 
de la lluvia en los cristales.

Busco la llama que no late,
la caricia que hizo sangre;
y esas ganas de quererme
a pesar de nuestros males.

Quiero acabar de arrastrarme,
de arrasar con mil recuerdos
sin poder cruzar los dedos
que me obligan a estrellarme. 

Siento que no por hablar miento, 
que te pillo en un renuncio
y haces que mi desespero
se quede mudo al mirarme al espejo.

Escribo un punto final que sane, 
sin que agarre, sin que dañe
las ganas de morder la boca
de quien busca lastimarte.

Intento seguir mis pies por el suelo, 
de no resbalar por el hielo de mi mente
que no por pensar se es diferente,
que no por volar se nace eterno.

Pienso,
luego
intento
evitarme.






domingo, 9 de abril de 2017

¿Aún?

   Haciendo oídos necios, o palabras sordas que salen disparadas de la boca mal pronunciada, del llanto mal entonado, de la risa más floja que pueda existir.
   ¿Qué es magia?. ¿Te lo preguntas?.
   La llama que no puede apagar el desespero de no encontrar hogar, de creer haberlo encontrado y tratarse de un error. La calma que no sigue a esa tempestad, y las ganas...Las ganas que se acumulan entre el polvo del camino. Ése de vuelta a ninguna parte, ése que sabes que parte del puro caos.
   Las noches más largas, los días más oscuros, y el mundo amortajado burlándose, señalando con el dedo. La humanidad impasiva. Inhumana humanidad. ¿Puede ser?.
   La risa de quien vuela al creerse cometa, y de quien aterriza con los brazos abiertos en un beso maternal, siempre lejos de casa... Mientras el occidente de ese mismo vaso de agua, se queja de la pesada rutina, del café frío sobre la mesa, o del atasco en cierta calle cosmopolita que sólo ronda la mente de un par de individuos, que aseguran ver su día arruinado.
   Y sí, sigue siendo un único vaso de agua. La marea sube, y nos pilla a todos distraídos con una nueva actualización del Software de la vida. Nos ahogamos en ambos lados de la taza, aunque no podamos ver más allá; nos sigue importando bien poco ésa otra "posible orilla", mientras funcionen las ondas en mi casa.
   ¿La magia?... Lo intento, pero aún seguimos deslumbrados por el truco del mago y su chistera.