Canciones en acústico, y me da que pensar.
Hoy es uno de esos días en los que estas cansada, la cabeza no deja de darte vueltas, y te sientes un poco melancólica, pero no recordando algún episodio en concreto de tu pasado, sino otro tipo de melancolía, añoranza de aquello que no has vivido. Ningún sentido, pero así es el coco.
Cada vez tengo más claro que quiero vivir aventuras. Sí, aventuras he dicho. Salir de ese espacio de confort ficticio que nos montamos cada uno en nuestro día a día.
Vivir en un pequeño apartamento con mucha luz, en alguna ciudad perdida del globo. Desayunos para llevar, sin tener prisa. Caminar descalza, con los zapatos de la noche anterior colgados de los dedos de las manos.
Asistir a cursos de pintura, de literatura, algún que otro recital de poesía... Escribir mucho...
Empaparme de la ciudad. Respirarla. Cómo cuando escuchas una canción lenta, suave, que te electrifica cada cm del cuerpo.
No quedarme quieta ni un sólo momento, Tanto que ver, tanto que sentir...
Me parece hasta poético: vivir con la maleta hecha. Claro que, no eternamente, sino de forma efímera y fugaz. Acostarme y despertarme en diferentes puntas del mundo. Bff.
Esa melancolía, cada vez más presente, más sonora... Acústica.
Ganas. Miedo a crecer, a no saber qué esperar. Si acelerarse o pisar el freno.
Agridulce. Extraño. Lento. Intenso. Serendípico. Inefable.
martes, 29 de septiembre de 2015
miércoles, 16 de septiembre de 2015
21:12
A ella le encantaba vivir al compás de las manitas del reloj. A veces, incluso cambiaba el ritmo de los segundos para adecuarse a cada situación.
Sólo un: Tic-Tac, Tic-Tac, y se ponía en movimiento. Con esa sonrisa.
Ella era alegre, le encantaba reír. Con sus pies en las nubes, y su mente con las estrellas. Era tan auténtica... Y tan guapa...Joder, era preciosa.
No había nada que le hiciera sombra, y ella, al pasar, ajena a lo que despertaba en todo aquel que la veía, miraba al frente... Y brillaba más que cualquier chica de la ciudad. Qué chica.
Cuentan que jamás la vieron llorar. Que se levantaba tras cada caída, se lamía las heridas y volvía a la carga. Una y otra vez. Una y otra vez. Con su cara de niña dulce, no piensas en lo bien escondidas que lleva las cicatrices. Con su gran picardía, le saca la lengua al mundo, se burla de él, y gana.
Se enamoró un día, sin cinturón de seguridad. Saltaron todas las alarmas y se cerraron las puertas. Y es ahí cuando el reloj se paró. Las manitas se detuvieron. El Tit-Tac cesó. La chica analógica, la de la boca bonita, pasó a ser una chica digital, con la alarma programada, pendiente de todo el mundo, menos de aquello que le hacía sentirse viva.
Sólo un: Tic-Tac, Tic-Tac, y se ponía en movimiento. Con esa sonrisa.
Ella era alegre, le encantaba reír. Con sus pies en las nubes, y su mente con las estrellas. Era tan auténtica... Y tan guapa...Joder, era preciosa.
No había nada que le hiciera sombra, y ella, al pasar, ajena a lo que despertaba en todo aquel que la veía, miraba al frente... Y brillaba más que cualquier chica de la ciudad. Qué chica.
Cuentan que jamás la vieron llorar. Que se levantaba tras cada caída, se lamía las heridas y volvía a la carga. Una y otra vez. Una y otra vez. Con su cara de niña dulce, no piensas en lo bien escondidas que lleva las cicatrices. Con su gran picardía, le saca la lengua al mundo, se burla de él, y gana.
Se enamoró un día, sin cinturón de seguridad. Saltaron todas las alarmas y se cerraron las puertas. Y es ahí cuando el reloj se paró. Las manitas se detuvieron. El Tit-Tac cesó. La chica analógica, la de la boca bonita, pasó a ser una chica digital, con la alarma programada, pendiente de todo el mundo, menos de aquello que le hacía sentirse viva.
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