lunes, 19 de noviembre de 2018

Ego

Yo, que cicatrizo de pena
sobre todo a nivel emocional,
que me salto los semáforos en rojo
sin importarme las alarmas,
y me doy cuenta que el cinturón de seguridad
no me agarra mucho más que tus manos.

Yo, que le silbo en la cara al caos
porque se ha dejado un trozo de mi sin recoger,
y me ordeno a medias cada noche
antes de dejar algún imperativo en la recámara.
Me salto por encima, me evito a sabiendas,
me hiero y me desgasto con tu pronombre.

Yo, que por miedo a romperme
con cada suspiro mal entonado de mis labios,
resucito cada vez que me viene en gana,
en medio de este incendio provocado
por tu forma de decirme que te alegras de verme,
que sigo sin ser capaz de entenderte.

Yo, que no sé cuando tus palabras llevan veneno,
o cuando simplemente muerdes para marcar,
y me alejo impaciente de tu parpadeo
para evitar de una vez, que me arrastre con él...
Cuando aprendí a atraparme al vuelo
cada vez que levantabas la mirada de tu libro.

Yo, que me tacho, me subrayo,
me marco con una interrogación eterna
sigo sin saber cómo he de comportarme a nivel gramatical.
Me desnudo a ciegas en mi sangrar constante,
acostumbrada ya a la herida abierta en mi pecho
que me recuerda impaciente por dónde he de huir.

Yo, que luché porque me pensaras a destiempo,
dudo consciente de mi propia mirada
por esas letras puñales que nunca leí en tu guión.
Y soy yo, que me desgasto a gritos,
me salto las palabras justas para seguir,
y le declaro la guerra al que mira impaciente desde el espejo.











sábado, 18 de agosto de 2018

Guerra Mundial

Amanece nublado, y sigo aquí atrapada en un verso,
sentada entre mi Pop comercial, y tu voz invernal,
con esa luz fría, que nos ata en corto las entrañas
al enredarnos entre las sábanas de un Domingo rojo cualquiera.

Porque ahí fuera ha estallado una guerra, y las balas
se precipitan desde el cielo, buscando el brillo
de una coraza para poder hacerla faro al que seguir, y
llegar a la orilla de tus costillas sin tener que naufragar.

Coso con cuidado los puntos ortográficos de tu espalda,
los que unen tus dudas con las mías, y quizá así
pueda hacernos valientes de andar por casa, para
poder parar la lluvia que amenaza contra los cristales.

Cuento los recuerdos tomados en forma de Polaroids,
antes de que amarilleen con el frío del Otoño, y se
caigan de la nube que flota sobre nuestras cabezas,
la que no me deja leer más allá de la geografía de tu cuello.

Me cuelgo de tus pestañas, acostumbrada a la herida abierta
por luchar en tus labios con la musa de tus metáforas,
y me conviertes, a mí, en pronombre personal que
poder recitar cuando te viene en gana. "Ella, y su locura".

Fundo mis dedos en tu pelo, sin importarme las batallas,
y me creo capaz de encontrarle sentido a cada disparo en las trincheras,
porque tu me creíste con fe ciega, cuando hace tiempo
que me declaré atea de mis propias decisiones.

Avanza el Domingo, en medio de esta ciudad en ruinas,
me estiro libre desde el lado frío de mi almohada, y al caer
la noche me haces rehén en tu boca, mientras me prometes
que ganaremos esta guerra, sin sangrar más de la cuenta.



sábado, 2 de junio de 2018

Hazlo

   Yo siempre fui, a pesar de mi existencia. Y ahora, a pesar de la poesía, los que alguna vez me dijeron te quiero, luchan por ser reales fuera de mis recuerdos. Y no se quién ganará esta guerra. Y no se quién se salvará de esta muerte anticipada, anunciada y masticada por todos nosotros en la sobremesa de los domingos. Y sigo sin saber, aunque lo intente, a quién le llegará a importar toda esta basura bélica que sólo existe en mi cabeza. Que las risas se hacen eco por las noches, y los dedos señalan indecentes, a través de las paredes...
   La diferencia marcada entre seguir el ejemplo, y seguir, por ejemplo, aunque te salgas de las líneas que alguien sin cara puso ahí, y que sin poder hablar, te dejó sin voz tantas veces. Maldito orden preestablecido. Maldito dos veces, por establecer mi desorden como algo a erradicar. Maldito una vez más, por hacerlo mantra de andar por casa, y obligarme a caminar pegada a las paredes. Maldita yo mil veces, por tatuarlo a fuego en el dorso de mi mano derecha, que la izquierda está ya cansada de mirar desde el ángulo muerto de mi cuerpo. Conmigo, aunque me duela. 
   Y si tienes que hacer, hazlo; o deshazte. Inténtalo. Muere y resucita las cifras impares que te venga en gana, que casi siempre serán insuficientes, y el resto del tiempo te acusarán de jugar con ventaja. Ríete, no queda otra. Y si tienes hacerlo, hazlo alto. Ahógate en sus miedos, déjales sin habla mientras te miran desde arriba, porque siempre se creerán con el derecho de estarlo, aunque escupan a ras suelo, y sus palabras viajen en metro. 
  Y si tienes que consumirte, hazlo. Podrás ser vela encendida, mientras trepo por tu garganta en busca de algo que poder respirar. Sin que ese humo se me escape de entre los pulmones al ritmo de tus palabras sin sentido del ridículo, ni del humor de perros del que presumes en medio del temporal. 
   Y si tienes que fingir, hazlo. Túmbate, hazte el muerto. Hazme una señal de simple intención, y te improviso noches de verano con olor a mar, en estos 20 m2 de suelo, con vistas al asfalto y al tráfico de madrugada. 
   Y así seguiremos haciendo gala de las voces que nos ponen la zancadilla. De la sed que asfixia al pasear por el centro en pleno verano, sin sombra en la que esconderte. Del frío a llegar, cuando hace años que se han marchado todos. De jugar sola en ésta, mi ciudad sin mar en el que nadar. De naufragar ese mar tuyo, sin orilla en la que ahogarse.

domingo, 22 de abril de 2018

#Rabia

   Me pregunto qué sabes tú de aguantar.
   Me pregunto qué será de ti, cuando nadie vaya a salvarte.
   Me pregunto qué pasará, cuando tu reflejo sea singular, después de haber sido conjugado en tercera persona tantas otras veces.

   Tú, que te balanceas desde ese pulcro árbol de serenidad y estabilidad, sin opción de tocar el suelo.
   Tú, que no sabes caer si no es sobre una mullida almohada, mirando a ambos lados a la espera de esas palabras de consuelo que, tal vez, lleguen a sanar tus inexistentes rasguños. El cuento de quien se adentra en las fauces del lobo con una linterna, tentando a la suerte por enésima vez...
   No entiendes la vida si no va acompañada de un "Bien hecho"; palabras vacías que pierden su fuerza al ser pronunciadas. Falso regocijo, al creerte héroe de tus imaginarias acciones.
   Vago entre la rabia y la obligación de abrirte los ojos. Que no es el mundo como lo pintas. Que no es tu reflejo como te hacen creer que es... Mienten.
   Cansada de meterme en unos pantalones que me están grandes, con miedos extrapolables de andar por casa, de sonrisas fingidas cuando escucho en silencio tu nombre, y todo lo que haces... Me da la risa, y me tiembla el pulso al ver recompensadas todas tus penas, con esos ojos puestos en órbita al romper el jarrón de humo.
   Con esos aires de niña buena estudiada y correcta.
   Con esas lágrimas de cocodrilo saladas, que se evaporan en segundos.

   Tú, y la suerte vomitada sobre quien se niega a madrugar los días pares de cada mes. 
   Tú, y la estructura del yo, que dejó moribundos y sin balas al ello y al superyó.
   Tú, y el egocentrismo latente en el kilómetro cero de tu ombligo.

   Tú, te, ti, contigo.



 

 
 

sábado, 7 de abril de 2018

A las voces que suenan en mi cabeza

   Ella amaneció en esta estación vacía, jugando al escondite sin zapatos. Huyendo de espejismos y horas de más, mucho antes de todo lo que está pasado. Déjame que hoy te lleve a la playa, a un viaje sin retorno, que ya no hay timón en la deriva.
   Cuando tengas la oportunidad de poder hablar con ella, que sin duda la tendrás, verás como se cree perro verde, con los ojos rojos de tanto bailar con la mala suerte. Y yo puedo flotar, hacerme el muerto o disolverme en el azul inmenso, pero perdóname, porque yo no se dibujar un perro. Prefiero pensar, que eres más como mi mujer de verde caleidoscópica, con el traje puesto y preparada para rescatarme, incluso de mi mismo.
   Toca afinar, definir el trazo. Sintonizar y reagrupar los pedazos. Joder niña, entonces ven, dame un pedazo, que ya no te conozco cuando dices: "Qué felices, qué caras más tristes". Y escondes la cabeza ahí donde no puedo alcanzarte, más allá de los barrotes que encierran este vis a vis nocturnal.
   Entonces ven abrázame, que quiero amanecer contigo, charlando, gritando, y con cara de locos, ¿por qué no?. Que yo a ti,  no podría olvidarte, aunque las quinientas noches de Sabina, fuesen bisiestas por la falta de vino, y los diecinueve días, eternos lunes de un mes de Enero nublado...Y créeme, que podrían serlo.
   Cómo hablar, si cada parte de mi mente es tuya, si ya no encuentro palabra, obra y pensamiento exacto, que impida que me rompa en mil átomos desiguales, al reptar por tu piel, cuando ya sé que es pared. Cuántas veces me habré preguntado, ¿qué es lo que se desata detrás de su cara?. Y me veo aquí, mirándote desde lejos, Lady Madrid, Marea, y Carolina, todas ellas viviendo en esos ojos de huracán.
    Y me doy cuenta de que sí, te echaré de menos en Septiembre, y que a las puertas de tu invierno dulce, seremos la combinación alegre y divertida, aplaudiendo y saltando a contrareloj. Y mientras la gente cuerda grita, llora, sufre y niega, a nosotros nos verán bailando nuestros mejores pasos.

martes, 3 de abril de 2018

Antes de ti, yo

Si tuviese que volver a donde mis recuerdos no hacen pie,
a ese lugar en el que perdí la batalla contra mi misma.

Ya se desvanece la angustia al pronunciar tu nombre,
el dolor en mis entrañas que anunciaban tormenta.

Al mirarme en ese espejo, que sólo me devuelve tu fantasma,
y a dormirme en un café descafeinado de por vida.

Ya no pesan las ganas de buscarte, ni de pensarte,
y me dejaron de servir las buenas intenciones masticadas.

Por creerme tu verdad desnuda y a ciegas,
cuando no era más que un copia y pega emocional.

Ya comienza la verborrea del verso en do menor,
de ese ritmo que no supimos marcar sin tropezarnos.

Mi sentido de ser racional, y pensante a media jornada,
le ganó a tu forma burda y sin sentido de deshacer las cosas.

Ya se aleja el precipicio del borde pronunciado,
de la irracionalidad silenciada, para no pensarme a gritos.

De tus promesas anunciadas, compartidas y precipitadas,
de cuando polvo fueron, y en polvo se convirtieron.

Ya, sin más.







lunes, 1 de enero de 2018

Canción de cuna, para niñas grandes.

Ven aquí pequeña, que te cuide las heridas,
que te seque las lágrimas que seguro están por venir
y haga de mis brazos, para ti, fortaleza que no sea de papel.

Ven aquí pequeña, que te cuente las heridas,
que haga inventario de tus lunares a la luz de una bombilla
y le haga ver al mundo cómo tú, le plantas cara a diario.

Ven aquí pequeña, que te calme las heridas,
que confíe en tu forma de hablar, escondiendo las verdades,
y resérvame un baile, que juntos, podamos bailar descalzos.

Ven aquí pequeña, que te cierre las heridas,
que te dibuje en un papel que no hacen falta caballeros andantes, 
y cambia corona, por corbata y maletín, que no te pueden quedar grandes. 

Ven aquí pequeña, que te lama las heridas,
que no deberías contar las copas rotas tropezando con la prisa,
y que diciendo adiós, a  veces te dices hola a ti misma. 

Ven aquí pequeña, que te cicatrice las heridas,
que te aparte el pelo de la cara, de los ojos, despacio,
y duérmete aquí, conmigo, que tu vigilia es mi parte favorita del día.

Ven aquí pequeña, que te bese las heridas.
Ven aquí pequeña, que te esconda las heridas.
Ven aquí pequeña, que te acuno hasta que pase.
Ven aquí pequeña, que el sueño lo cura todo.
Ven aquí, pequeña.