¿Te acuerdas cuándo...?. Puede ser la frase más triste del mundo. La que más nos hemos repetido a nosotros mismos, y la que, por mucho que queramos, lo intentemos, siempre nos sacude por dentro. Que ya sabía yo, que la nieve, acabaría pillándome con mi camisa de cuadros y los pies fríos...
Te acuerdas cuándo... Siempre remoto. Aquello de "Todo tiempo pasado fue mejor", se vuelve insignia que poder colgarte en el pecho, se torna sombra que se esfuma contra la pared.
Y, ¿sabes qué?. Aún quedan restos de otoño en tu piel...
El invierno no ha llegado a sonrosar tus mejillas, y la lluvia no se separa de tus pestañas, que se tornan rompeolas cada vez que me miras. El indeciso tiempo, no ha tomado tu corazón como si fuera un témpano de hielo, y te ha brindado otra primavera en la que poder deshojar margaritas. Esos ojos tan tuyos, estanque en el que perderse.
El calor de tu verano a diez grados bajo cero, y las ganas de tu boca, que se miden en naufragios en cualquier orilla. La sal que cura las heridas, pero deja cicatrices, y la pesada carga de vivir soñando.
Las intenciones perdidas entre los cajones de los calcetines. El paraguas amarillo, en medio del vendaval, y las fuerzas recobradas con cada café improvisado, intentando hacer poesía en las servilletas de los bares.
Y esa última noche, que no tomó su nombre hasta que ya era demasiado tarde...