miércoles, 15 de noviembre de 2017

Bla, volumen VI

Con los labios rotos 
de los besos arrastrados
al enredarme en tu voz, 
por creerte verdad 
con los ojos prietos
y no poder ver más allá
de mis párpados cegados.

Tomo tierra.

Recorriendo a tientas
la línea que baila entre
tus siniestros y tus lunares,
y la esperanza sorda
de quien sueña a escondidas
al no creerse todo
lo que ocultan tus verdades. 

Tomo tierra.

Encuentro refugio
en la inspiración fingida
que despierta desde
la huella fría de tu almohada,
suponiendo bálsamo
a tus idas y mordidas semanales,
creyéndolo incurable
cuando apartas la mirada.

Tomo tierra.

 Con los labios rotos,ahora, por el frío del invierno.
Como si muriésemos de locura en el intento.




domingo, 29 de octubre de 2017

Causa y efecto

   Porque puede ser que el mañana nunca llegue y que este momento aparentemente eterno, se nos escurra de entre los dedos y caiga al frío suelo; o que vuele alto, muy alto, más allá de lo que la capacidad de tus pulmones pueda asimilar. Porque esas cosas que no deberían haber pasado, han pasado. Y los ojos que una vez juraste no mirar, son los únicos que ahora pueden controlar tu termostato emocional. "Encendido, o jodidamente despierto".
   Si tus palabras bastasen... Y si las mías fuesen más fuertes, agresivas, o simplemente te hiciesen pensar... Y, ¿en vez de eso?. Me tropiezo una y otra vez con lo que pronuncia o no llega a decir mi lengua, y me caigo de cabeza en lo que resulta ser esa pseudo existencia crítica y maleable, en la que me siento a desayunar cereales todas las mañanas desde el borde de la silla.
   Sigo cayendo mientras salto desde mi punto y seguido, al charco congelado por el invierno de tus finales. Y me sigo metiendo en la cama con tus signos suspensivos, porque ya duelen menos de lo que quiero reconocer, y porque yo no encuentro la fórmula para creerlos ciertos. Me acabo despejando incógnita negativa, para el valor absoluto de tus sábanas. 
   Y quizá, si te dijese ven, me mirarías desde lejos, aguantando la puerta imaginaria de mis deseos escritos con faltas de ortografía. Y quizá, si te dijese voy, el mundo entero se haría pequeño, para ayudarme a alcanzarte, o para que simplemente el golpe de realidad doliese menos... Así, a lo mejor, dejarían de sobrar precipicios dónde asomarme.
   Porque noto como brota la tinta de la herida pronunciada en mi teclado, y que las letras saltan cada vez que intentan ser pronunciadas en silencio. Porque mis palabras parecen no hacer mella, y juré no cansarme de contar mentiras. Porque no estamos hechos para jugar a escondidas a un "¿qué pasará?" colgado del aire, y nos perdemos en las adivinanzas de aquel que juega a ser más listo que nosotros, raptando el silencio que escode todas las respuestas.

miércoles, 20 de septiembre de 2017

Bla, volumen V

Me tienta la calma,
y me ahoga la prisa
del pequeño redoble
que retumba entre mis costillas.

Arrástrame, estira, 
que yo tomo aire,
te aparto el pelo de los ojos
y me dejo caer...

Quiero saber elegir
sin revólver en la sien,
y apostar por tus heridas
que son calambres en mi boca.

Y bailar con los pies en alto,
resolviendo la ecuación,
despejando así las ganas
de quitarte la ropa.

Acostumbrarme a tus manías,
sin saber como hacerlo,
compartirlas, memorizarlas,
y hacerlas mías...

Porque se que no te acordarás
cuando llegue el Invierno,
te escabullirás de entre mis sábanas
con esa sonrisa de corazón roto.

Te miraré ahogada
con el dedo sobre el gatillo,
disparando a quemarropa
con mi pistola sin balas.

Arrástrame, estira, 
que yo tomo aire,
te aparto el pelo de los ojos
y me dejo caer...

Cuando todo se apague. 









domingo, 20 de agosto de 2017

Aclaración de intenciones

   Se algo sobre ti...

   Se cuál fue la última película que te encantó, esa que te recordó a aquella otra, la que no sabes si viste en el cine, anunciada en una parada de metro, o simplemente si fue un sueño de una noche de otoño encima del sofá.
   Se con que canción mueres, en todos los sentidos que puede llegar a plasmar una muerte figurada, y con cual quemas la suela de tus zapatos un martes por la tarde cualquiera.
   Se, también, el libro que te hace llorar, cual duerme en tu mesilla de noche, y a quien destierras por un tiempo casi finito, a lo alto de la estantería del salón, dónde no puede velar por nadie y dónde sus palabras parecen no hacerte eco al hablar. Y cuando tus mentiras son un poco ciertas...
   Se, sin miedo a intuir ni a pecar de aquello que no puedo sostener, como te recolocas las gafas tras esa caída de ojos sarcástica, cuando sabes que no hablo en serio; o como te muerdes los labios cuando observas el infinito, y te pierdo imaginando como sería ser tú, con una compañía cualquiera en un espacio concreto de una vida aún por construír. Dejando ya de ser tú.
   Se que te arrastran, y que loca de ti, te dejas caer culpando a la inercia de empujarte, cuando ya las puntas de tus pies apenas rozaban el suelo. Hada chalada sin sueño en el que colarse, ni individuo ansioso de imaginarla en cualquiera de sus perfiles con manual de instrucciones.
   Se, todo lo que atisba a entender esta mente mía, buscando distinción entre lo real y lo creado únicamente para la autosatisfacción a la que acostumbra un corazón no mucho menos ocioso que sus ganas ávidas de pensarte, de creerte, y de soñarte... Sabiendo, y lamentando al mismo tiempo, no poder llegar jamás a conocerte del todo esta noche.
 

viernes, 21 de julio de 2017

Bla, volumen IV

   Soy un yo escrito en tercera persona, 
entonado en un pasado perfecto, 
colgado de un quizá que quema,
 abstracto de una realidad ajena.


Soy un no, aunque a veces sí, 
y puede que un tal vez repentino,
de intenciones que se quedan cojas
pidiendo un vals que poder bailar.


Soy un "vuelve" que no duele,
y un "te espero" que si lo hace,
unas palabras no pronunciadas
cogiendo polvo en un baúl.


Soy esa fuerza de quien no queriendo ser,
 acaba siendo un opuesto,
de quien se extraña del mundo
y se lanza a una carretera perdida.


Soy las ganas sordas de tanto ser invocadas,
mudas de no ser atendidas,
enloquecidas por ser invisibles,
y heridas de muerte con cada amanecer.

Soy, sin serlo,
 un ser que siente de espaldas,
que se arranca los puñales
y se sienta, a tientas, a escuchar la bruma
que choca contra los cristales.


Soy, sin ser.






lunes, 19 de junio de 2017

Bla, volumen III


 Que es tarde, mis uñas son un desastre extrapolable,
 y la voz de John Mayer no alcanza a curar mis heridas.
 Que no se qué hacer cuando el calor aprieta, 
la luz se apaga, y la mente vuela.
  Que no le aguanto un asalto a la vida sin chocolate, 
ni un duelo de miradas a mi espejo,
 aunque lo mire de reojo. 

Y ya no se si escribir un verso,
 o acabar con un beso y a parte, 
la pesada noche que me queda por delante.
 Que ya no caben más historias en el cajón de los calcetines, 
y el de la ropa interior esta falto de historias con finales.

   Que ya no se si empezar el cuento, 
o si éste acabó al recluirme en aquella torre. 
Si te dedico un punto y coma, o un perdona y seguido,
 o si ni siquiera aguanto el suspense 
de los puntos, que en fila, me hacen tropezar.
 O si, por el contrario, me dedico a ser temerario trapecista, 
dando tumbos por la vida. 
Saltando de cuerda en cuerda, 
cuando tengo cosas realmente importantes que hacer.

   Que sigo destrozando la prosa que nace de mis dedos, 
y que, vuelo tan lejos,
 que mi teclado no llega a alcanzarme.
Y me sirve de terapia, de solución no anunciada,
que llega, que inunda, que arrastra,
y que a veces, te hace olvidar.











domingo, 18 de junio de 2017

Bla, volumen II

Por favor, llévame a bailar.

Con los tacones en mi mano
y tu mirada en mi vestido.
Que se hagan la una, las dos...
Sin que nadie se vuelva calabaza,
ni que tu pierdas un zapato
que yo no vaya a encontrar.

Por favor, llévame a bailar.

A oscuras, lento, a ritmo de Ben Howard.
Con luces de neón, saltando,
con los Rolling colgando de una guitarra. 
Que se enciendan las luces
y nos apaguemos con ellas;
que se vacíe la sala, y nosotros,
con ganas de más.

Por favor, llévame a bailar.

Que mis pies no toquen el suelo.
Sin prisas, sin normas,
sin portales, ni besos de despedida.
De correr con el pelo revuelto,
y que me arrastres de la mano
 cuando ya no pueda más.
Que amanezca el cielo, rojo, ahogado,
esperando un continuará subtitulado,
que no sabremos escribir.

Por favor, llévame a bailar.











lunes, 5 de junio de 2017

Historia de un (no)retorno

   Puede que le asuste salir de su rutina, por eso arrastra los pies por el pasillo lentamente. En el fondo sabe que no quiere dejar sus zapatillas en la habitación, porque no sabe llenar la maleta de cosas que puedan dejar vacía su casa, su vida.

   Gatea despacio por la estancia. Respira entrecortado ante la maleta. Le asusta. Le angustia. Ese objeto inerte, cobrará vida para llevarle lejos, le atará en otro lugar desde el cual no va a saber volver. Desde el cual todo tomará una perspectiva muy distinta a la que él conoce.

   Rompe las ganas de meterse en la cama, y de coger los billetes del cajón de la cómoda. Pero toma aire y sigue empaquetando recuerdos. Coloca los cojines sobre las sábanas, como si ya no los fuese a volver a ver, y se ve reflejado en espejos que en cuestión de minutos se quedarán mudos.

   El tiempo impasible, anuncia que se acerca el momento. Las manecillas marcan un ritmo que acompaña el correr de unas ruedas de goma sobre le suelo. Esa melodía que él no quiere seguir. Esa canción que le ha tocado cantar.
 
   Una a una apaga las luces de su vida, bajo la atenta mirada de las pequeñas figuras en los marcos de fotos, rostros sonrientes y ahora lejanos. Habitación por habitación, siente un nudo en el pecho como si tirasen de su cuerpo en todas las direcciones posibles. Y la mente se le nubla ante la pesada idea de marchar...

    Echa la vista atrás, y no puede ver más allá de las persianas bajadas. La puerta de entrada surge ante él como el monstruo final de un videojuego, y no se ve capaz de poder salvar a la princesa en esta ocasión.
 
   El pomo frío le vence al abrir la puerta, y al emprender la marcha deja atrás la palabra "Bienvenido" escrita en el suelo, como si nunca volviese a ser leída por nadie, como si él jamás la hubiese leído.
 
 
   

jueves, 27 de abril de 2017

Bla, volumen I




 Pierdo en canciones que no valen, 
en las risas que no saben;
del querer que sea eterno, 
de la lluvia en los cristales.

Busco la llama que no late,
la caricia que hizo sangre;
y esas ganas de quererme
a pesar de nuestros males.

Quiero acabar de arrastrarme,
de arrasar con mil recuerdos
sin poder cruzar los dedos
que me obligan a estrellarme. 

Siento que no por hablar miento, 
que te pillo en un renuncio
y haces que mi desespero
se quede mudo al mirarme al espejo.

Escribo un punto final que sane, 
sin que agarre, sin que dañe
las ganas de morder la boca
de quien busca lastimarte.

Intento seguir mis pies por el suelo, 
de no resbalar por el hielo de mi mente
que no por pensar se es diferente,
que no por volar se nace eterno.

Pienso,
luego
intento
evitarme.






domingo, 9 de abril de 2017

¿Aún?

   Haciendo oídos necios, o palabras sordas que salen disparadas de la boca mal pronunciada, del llanto mal entonado, de la risa más floja que pueda existir.
   ¿Qué es magia?. ¿Te lo preguntas?.
   La llama que no puede apagar el desespero de no encontrar hogar, de creer haberlo encontrado y tratarse de un error. La calma que no sigue a esa tempestad, y las ganas...Las ganas que se acumulan entre el polvo del camino. Ése de vuelta a ninguna parte, ése que sabes que parte del puro caos.
   Las noches más largas, los días más oscuros, y el mundo amortajado burlándose, señalando con el dedo. La humanidad impasiva. Inhumana humanidad. ¿Puede ser?.
   La risa de quien vuela al creerse cometa, y de quien aterriza con los brazos abiertos en un beso maternal, siempre lejos de casa... Mientras el occidente de ese mismo vaso de agua, se queja de la pesada rutina, del café frío sobre la mesa, o del atasco en cierta calle cosmopolita que sólo ronda la mente de un par de individuos, que aseguran ver su día arruinado.
   Y sí, sigue siendo un único vaso de agua. La marea sube, y nos pilla a todos distraídos con una nueva actualización del Software de la vida. Nos ahogamos en ambos lados de la taza, aunque no podamos ver más allá; nos sigue importando bien poco ésa otra "posible orilla", mientras funcionen las ondas en mi casa.
   ¿La magia?... Lo intento, pero aún seguimos deslumbrados por el truco del mago y su chistera.
 

sábado, 21 de enero de 2017

#1

   ¿Te acuerdas cuándo...?. Puede ser la frase más triste del mundo. La que más nos hemos repetido a nosotros mismos, y la que, por mucho que queramos, lo intentemos, siempre nos sacude por dentro. Que ya sabía yo, que la nieve, acabaría pillándome con mi camisa de cuadros y los pies fríos...
   Te acuerdas cuándo... Siempre remoto. Aquello de  "Todo tiempo pasado fue mejor", se vuelve insignia que poder colgarte en el pecho, se torna sombra que se esfuma contra la pared.
   Y, ¿sabes qué?. Aún quedan restos de otoño en tu piel...
   El invierno no ha llegado a sonrosar tus mejillas, y la lluvia no se separa de tus pestañas, que se tornan rompeolas cada vez que me miras. El indeciso tiempo, no ha tomado tu corazón como si fuera un témpano de hielo, y te ha brindado otra primavera en la que poder deshojar margaritas. Esos ojos tan tuyos, estanque en el que perderse.
   El calor de tu verano a diez grados bajo cero, y las ganas de tu boca, que se miden en naufragios en cualquier orilla. La sal que cura las heridas, pero deja cicatrices, y la pesada carga de vivir soñando.
   Las intenciones perdidas entre los cajones de los calcetines. El paraguas amarillo, en medio del vendaval, y las fuerzas recobradas con cada café improvisado, intentando hacer poesía en las servilletas de los bares.
   Y esa última noche, que no tomó su nombre hasta que ya era demasiado tarde...