domingo, 29 de octubre de 2017

Causa y efecto

   Porque puede ser que el mañana nunca llegue y que este momento aparentemente eterno, se nos escurra de entre los dedos y caiga al frío suelo; o que vuele alto, muy alto, más allá de lo que la capacidad de tus pulmones pueda asimilar. Porque esas cosas que no deberían haber pasado, han pasado. Y los ojos que una vez juraste no mirar, son los únicos que ahora pueden controlar tu termostato emocional. "Encendido, o jodidamente despierto".
   Si tus palabras bastasen... Y si las mías fuesen más fuertes, agresivas, o simplemente te hiciesen pensar... Y, ¿en vez de eso?. Me tropiezo una y otra vez con lo que pronuncia o no llega a decir mi lengua, y me caigo de cabeza en lo que resulta ser esa pseudo existencia crítica y maleable, en la que me siento a desayunar cereales todas las mañanas desde el borde de la silla.
   Sigo cayendo mientras salto desde mi punto y seguido, al charco congelado por el invierno de tus finales. Y me sigo metiendo en la cama con tus signos suspensivos, porque ya duelen menos de lo que quiero reconocer, y porque yo no encuentro la fórmula para creerlos ciertos. Me acabo despejando incógnita negativa, para el valor absoluto de tus sábanas. 
   Y quizá, si te dijese ven, me mirarías desde lejos, aguantando la puerta imaginaria de mis deseos escritos con faltas de ortografía. Y quizá, si te dijese voy, el mundo entero se haría pequeño, para ayudarme a alcanzarte, o para que simplemente el golpe de realidad doliese menos... Así, a lo mejor, dejarían de sobrar precipicios dónde asomarme.
   Porque noto como brota la tinta de la herida pronunciada en mi teclado, y que las letras saltan cada vez que intentan ser pronunciadas en silencio. Porque mis palabras parecen no hacer mella, y juré no cansarme de contar mentiras. Porque no estamos hechos para jugar a escondidas a un "¿qué pasará?" colgado del aire, y nos perdemos en las adivinanzas de aquel que juega a ser más listo que nosotros, raptando el silencio que escode todas las respuestas.

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