domingo, 20 de diciembre de 2015

A mi no me mires

   Si me preguntas a mi, no sabré contestarte. Yo que no entiendo la cuadratura del círculo, y me pierdo en cada cambio de estación.
   Si quieres hablar, hablemos, pero en voz baja y hasta que amanezca, como si se tratase de una canción de Pereza. Ya sabes a cual me refiero. Y ahora no puedes dejar de cantarla.
   Si quieres empezar la conversación, no escojas temas existenciales, que te hacen sentir tan profundo durante un instante, mientras al siguiente te encuentras rascando en la superficie de lo que tu crees que es una intensa charla, que en realidad, no es más que un monologo que aprendiste en una película, o sacada de cualquier canción que escuchaste alguna vez en la radio. " El camino del hombre recto, está por todos lados rodeado por las injusticias de los egoístas y la tiranía de los hombres malos..".
    Si quieres, cuéntame como es que nunca olvidarás esa voz que te preguntó un día la hora por la calle. Que sabes, que escondía el reloj entre las mangas de su jersey, mientras te miraba a los ojos. Esa voz tan dulce que te pareció una verdadera pena que no estuviera acompañada de subtítulos. Que según tú, se merecía toda la atención del mundo.
   Puedes empezar, por contarme la sensación que despertó en ti, cuándo el chico del coche de al lado, te sonrió porque sí en el semáforo. O cuándo te felicitan las fiestas completos desconocidos en las tiendas. Y lo bonito que es eso.
   También puedes contarme, la ternura que te da el ver a una pareja de ancianos paseando de la mano por la calle...Y la envidia que sabes que te da.
   Pero a mi, que vengas y me preguntes sobre el significado de la vida, y de todo lo que ello conlleva... No se contestarte.
   Yo se, que la canción de Pereza, se llama "Por mi tripa", y que es perfecta; y que la  frase que recitas orgulloso, se la escuchaste a Samuel L. Jackson en LA escena de Pulp Fiction. Que la naturalidad no es algo que se inventaron los de Trina, y que no es Navidad, hasta que suena Frank Sinatra por casa. Que el único príncipe que necesita una chica, son los que vienen con forma de galleta, y que las bufandas calentitas no tienen medida.
   Del resto...no se nada más.

 
 
 
 

jueves, 12 de noviembre de 2015

Microcuento de las 22:30

   Cuándo la vida frena, te da un respiro y deja que disfrutes de las vistas; te aferras a todo aquello que quieres, que anhelas, y dejas un gran resquicio a la esperanza. Todo eso ocurre cuándo me miras. La vida se para, y me paro con ella.
   Un paso más, me alejo del abismo que supone una vida sin ti, una existencia vacía truncada por el momento en el que me crucé contigo. Las risas, que de alguna forma, ahora suenan tan distintas y llenas, y las canciones, que sin querer, hablan de nosotros.
   Tu espalda, mapa estrellado que conozco de memoria, que recorro con la punta de los dedos y hago casa. Tu boca, que literalmente crea vida, y tus ojos que harían enloquecer a cualquiera. No encuentro las palabras adecuadas para describirte. Me resulta tan difícil compararte con algunas de mis heridas, que yerro en mi afán de hacerte poesía, y de dibujarte en cada una de las paredes de mi casa. 
   No sólo eres tú, es quién soy yo cuándo pienso en ti. Quién se supone que soy, cuándo pestañeas y apartas tímidamente la mirada un instante, y nuevamente clavas tus ojos en los míos. Quién se supone que soy, cuándo me guiñas un ojo, y me pides que nos vayamos lejos de esas personas, a dónde nadie pueda rodearnos. Quién se supone que soy, cuándo me coges de la mano, y me avisas entre dientes, que vamos a echar a correr como locos calle arriba, que nadie nos va alcanzar; y quiénes se supone que somos, cuándo entre el barullo de la plaza, me acercas a ti y me regalas un beso. El planeta no cesa de girar, y la vida a nuestro alrededor nunca me pareció tan estática.
 
 
 
 
 

lunes, 9 de noviembre de 2015

22:45

   Se preguntó cuándo el tiempo dejó de contarle las huellas, de seguir los pasos a su sombra al bailar por la acera.
   La chica perdida, que se asusta del Mundo al pasar de puntillas frente un espejo. Qué deshojando un diccionario, se pregunta hoja tras hoja si la quieren o no la quieren, y si encontrarán las palabras adecuadas para expresarlo.
   La protagonista del cuento que no sabía si seguir al príncipe o perderse en el bosque, que dejaba pasar los trenes desde el andén de la estación, esperando a que alguien llegase y le prometiese la Luna, para guardarla en sus zapatos.
   La amante de esas noches que acaban en llamadas perdidas a las 4 de la madrugada, y de helados de chocolate en el coche camino de ninguna parte, con la radio puesta, y las ventanillas bajadas. La chica, que se pone las botas de agua, sólo por poder saltar en todos los charcos de camino a clase; que ríe, y se agarra a tu cadera en mitad del abismo, y recorre tus labios a 200 km/h.
  La que vive a base de un recuerdo ficticio, que leyó en un libro e hizo propio, y al cual, dedicó un par de versos que guardó en un cuaderno para evitar que muriesen. La amante del vértigo al filo de los desastres.
  La chica sin cinturón de seguridad, que sopla las velas impares de la tarta, y pide el deseo en voz alta, y se esconde en sus palabras, por disfrutar de la casualidad. La misma, que busca la suerte en los gatos negros y en el fondo de espejos, que sólo rompe por hacer su reflejo más pequeño.
  La que ya no te quiere, y se asusta del Mundo, en vez de los monstruos que guarda bajo la cama. La chica que muere cada madrugada, y amanece en días nublados. La que disfruta de la ausencia, y pierde el tiempo estando ausente.
 
 

 


 

domingo, 11 de octubre de 2015

¿Seguimos jugando?.

   Cayó la noche, y con ella la primera bomba. Los militares nos empujaban contra las paredes, impidiéndonos el paso, mientras no podía alcanzarla por mucho que alargara el brazo, los dedos, casi está, sólo un poco más...
   Cae la siguiente lluvia de escombros, golpeando a todo aquel que intentaba escapar, queriendo llegar a un lugar seguro; pero ésta época que nos ha tocado vivir no se anda con chanzas.
   La pierdo entre el barullo, apenas puedo verla.
   Se precipitan la tercera y la cuarta bomba.
   La llamo, grito su nombre, mientras mi cara sigue pegada a la fría pared de ladrillo rojo medio derrumbada. 
   Ya no la oigo. Ni a ella ni a nadie, excepto un pequeño zumbido en el oído producido por una explosión cercana. Y, eso, es todo lo que escucho: silencio. El más profundo vacío. Mis pensamientos algo perturbados.
   Me pregunto dónde estaba yo, por qué no he podido hacer nada. Mi hermana... No debe estar lejos, he de encontrarla.
   Los militares ya no me sostienen, y caigo al suelo aturdida. A mi alrededor, gente desorientada que corre en todas direcciones, pero mi mirada sólo se fija en un punto, inevitablemente, cómo si se hubiera accionado un resorte.
   Y lo vi, aunque no quería asimilarlo. Lo vi, aunque no podía creerlo...Me negaba a creerlo. El casco que llevaba mi hermana, el de soldado que le habíamos regalado para que creyera que todo era un juego. Que las bombas que se precipitaban desde el cielo, eran enormes copos de nieve, y que los propios soldados no eran más que niños jugando a ser mayores.
   Pero, ya no podíamos jugar más a las guerras, porque ella ya no estaba, y yo, me quedaría sumida en el más absoluto silencio,

 

martes, 6 de octubre de 2015

23:00

   Creo que la mente humana es predecible, y otras tantas veces sólo quiero creer en las casualidades del Universo. Yo, que no necesito más que una salida de emergencia abierta al cielo, que me evite naufragar en la rutina y el desespero.
   Finjo no creer en las casualidades, mientras cruzo los dedos de los pies, creyendo que soy capaz de engañarme a mi misma. Pobre ilusa. La que amenaza con volar, despegando los pies del suelo tan sólo un instante. Que se rompe el pecho por cualquiera...
   Veleta inmóvil en el vendaval, que busca su propia ruta, ajena a los vaivenes del huracán.
   Yo, que de mayor quiero ser aquello que me quite el aliento, hacer que mi corazón olvide seguir el ritmo y se salte los latidos. Tener que acordarme de respirar, y no saber hacerlo muy bien después de eso...
   Empapelar las paredes de recuerdos, y no de fotos. Volver a la cama sabiendo que tú no saldrás de ella. Tú, el chico droga, y yo, la chica irascible, la que no dudaría en cambiar la Torre Eiffel, por besos de madrugada en cualquier portal de vuelta a casa.
   Yo, que aún con veinte años, sigo llorando y riendo a partes iguales como una niña. Que no entiendo el mundo sin poesía, y tiemblo con cada verso bien recitado. 
   Yo, la que como ya he dicho, no cree en las casualidades. 

martes, 29 de septiembre de 2015

Eme en acústico

   Canciones en acústico, y me da que pensar.
   Hoy es uno de esos días en los que estas cansada, la cabeza no deja de darte vueltas, y te sientes un poco melancólica, pero no recordando algún episodio en concreto de tu pasado, sino otro tipo de melancolía, añoranza de aquello que no has vivido. Ningún sentido, pero así es el coco.
   Cada vez tengo más claro que quiero vivir aventuras. Sí, aventuras he dicho. Salir de ese espacio de confort ficticio que nos montamos cada uno en nuestro día a día.
   Vivir en un pequeño apartamento con mucha luz, en alguna ciudad perdida del globo. Desayunos para llevar, sin tener prisa. Caminar descalza, con los zapatos de la noche anterior colgados de los dedos de las manos.
   Asistir a cursos de pintura, de literatura, algún que otro recital de poesía... Escribir mucho...
   Empaparme de la ciudad. Respirarla. Cómo cuando escuchas una canción lenta, suave, que te electrifica cada cm del cuerpo.
   No quedarme quieta ni un sólo momento, Tanto que ver, tanto que sentir...
   Me parece hasta poético: vivir con la maleta hecha. Claro que, no eternamente, sino de forma efímera y fugaz. Acostarme y despertarme en diferentes puntas del mundo. Bff.
   Esa melancolía, cada vez más presente, más sonora... Acústica.
   Ganas. Miedo a crecer, a no saber qué esperar. Si acelerarse o pisar el freno.
 
   Agridulce. Extraño. Lento. Intenso. Serendípico. Inefable.
 

miércoles, 16 de septiembre de 2015

21:12

   A  ella le encantaba vivir al compás de las manitas del reloj. A veces, incluso cambiaba el ritmo de los segundos para adecuarse a cada situación.
   Sólo un: Tic-Tac, Tic-Tac, y se ponía en movimiento. Con esa sonrisa.
   Ella era alegre, le encantaba reír. Con sus pies en las nubes, y su mente con las estrellas. Era tan auténtica... Y tan guapa...Joder, era preciosa.
   No había nada que le hiciera sombra, y ella, al pasar, ajena a lo que despertaba en todo aquel que la veía, miraba al frente... Y brillaba más que cualquier chica de la ciudad. Qué chica.
   Cuentan que jamás la vieron llorar. Que se levantaba tras cada caída, se lamía las heridas y volvía a la carga. Una y otra vez. Una y otra vez. Con su cara de niña dulce, no piensas en lo bien escondidas que lleva las cicatrices. Con su gran picardía, le saca la lengua al mundo, se burla de él, y gana.
   Se enamoró un día, sin cinturón de seguridad. Saltaron todas las alarmas y se cerraron las puertas. Y es ahí cuando el reloj se paró. Las manitas se detuvieron. El Tit-Tac cesó. La chica analógica, la de la boca bonita, pasó a ser una chica digital, con la alarma programada, pendiente de todo el mundo, menos de aquello que le hacía sentirse viva.
 

jueves, 9 de julio de 2015

Noches cualquiera.

  Noches de "Un capítulo más y a dormir".
  Noches de "La última y a casa".
  Noches de "Acércate que hace frío".
  Noches de "No volverá a pasar".
  Noches de "Un capítulo más, y juro que paro".
  Noches de "Imagínate si pasara...".
  Noches de "No me quiero despertar".
  Noches de "Sin ti no".
  Noches de "Y si...?".
  Noches de "Ven".
  Noches de "Moño y a dormir".
  Noches de madrugada.

miércoles, 4 de marzo de 2015

M.W

   El día que vengas... Seguiré haciendo cómo si nada. Continuaré regando las plantas de plástico, sonriéndole a tu foto de la nevera. ¿Te acuerdas?. Es del verano en la playa. Me empujaste en la arena, y caímos haciendo la croqueta, llenos de risas y con sabor a mar. A lo mejor fui yo... No lo recuerdo, pero el cielo no podía ser más azul...
   Me acuerdo muchas veces de ti. De cómo tenías el pelo, del sonido de tus carcajadas, del pánico que tienes a perderte.
   Aquí todo sigue igual. Igual pero no. Diferente.
   Las plantas siguen sin crecer. No lo entiendo. Se me escapa.
   La casa está muy blanca; sí, todo muy blanco y muy IKEA... Menos mi armario, ya sabes, mi ropa toda negra. Ahora guardo unas mayas y unas deportivas. Nunca lo pensaste.
   Todo sigue igual, pero te sorprendería cómo he cambiado. Estoy feliz, y llena; cómo tu, pero diferente. Algo nuevo, inefable.
   Tengo el pelo más corto, las ojeras más marcadas, y...La risa muy floja. Estoy a gusto. Conmigo, contigo, sin mi...
   ¿Te cuento una cosa?. Si te quedas a escucharla... Me alegro que estés ahí. En el espejo. Por mi, cada vez que me asomo. Mi YO tan TÚ. Mi yo tan presente reflejado en pasado.
   Cuánto hemos cambiado, y cómo me alegro. Gracias. Sigue cambiando.
   Sonríe.