Si todo empezó con un beso, que se ahogue en mis labios. Que se funda en una caricia, que probablemente sea la última que nos regalamos.
Un pequeño desliz que sin ser nada, lo diga todo.
Si todo empezó por casualidad, que acabe de forma predeterminada; que se grabe a fuego en nuestras retinas. Que se erice la piel sólo con pensarlo.
Si todo empezó como cosa de dos, que no se interpongan los eslabones perdidos. Empezar y terminar contigo.
Si todo empezó con el tiempo justo, que se convierta en una carrera a contra reloj.
Si todo empezó con un beso, que se acabe disfrutando de la ausencia.
viernes, 20 de diciembre de 2013
martes, 10 de diciembre de 2013
Y, ¿si me pierdo?.
La de veces que he querido perderme. Salir de todo esto, prepararme una pequeña maleta, bueno, no os voy a mentir, no se hacer maletas pequeñas, y menos aún si son para un viaje del que, a lo mejor, no querría volver.
Porque cuando te das cuenta, de que en sólo dos años, has perdido esa chispa; esa esencia que tanto marcaba tu vida y que, ¿por qué no?, te hacía sentir un poco más especial que al resto del mundo.
No he parado de pensar, a dónde me iría. No he dejado de imaginarme de que llenaría la gran maleta; qué cosas me acompañarían, y que otras se quedarían esperando a mi regreso olvidadas en una fría habitación.
He estado a punto muchas veces de correr ese riesgo, de coger el tren que me llevaría a ese refugio que quiero pensar que tengo. El equipaje se quedó preparado encima de la cama en una ocasión, esperando a que aflorase en mi ese coraje, el de poder coger la puerta y mandarlo todo al pasado de una patada. Pero me frenó esa voz en mi cabeza que sólo piensa en el lado sensato de las cosas. Aunque la sensación de querer desaparecer...bff... demasiado tentadora.
Creo que siempre me ha encantado la idea de poder perderme una temporada. Perderme. Sin móvil, sin compañía, sin Internet. Hacer marcha y vida nueva.
Algún día me sorprenderé a mi misma saliendo por esa puerta de madera, echando la llave al cerrojo, y sin mirar atrás. Algún día no muy lejano estaré lejos. Me gusta ese juego de palabras.
Y, ¿si me quiero perder?.
Porque cuando te das cuenta, de que en sólo dos años, has perdido esa chispa; esa esencia que tanto marcaba tu vida y que, ¿por qué no?, te hacía sentir un poco más especial que al resto del mundo.
No he parado de pensar, a dónde me iría. No he dejado de imaginarme de que llenaría la gran maleta; qué cosas me acompañarían, y que otras se quedarían esperando a mi regreso olvidadas en una fría habitación.
He estado a punto muchas veces de correr ese riesgo, de coger el tren que me llevaría a ese refugio que quiero pensar que tengo. El equipaje se quedó preparado encima de la cama en una ocasión, esperando a que aflorase en mi ese coraje, el de poder coger la puerta y mandarlo todo al pasado de una patada. Pero me frenó esa voz en mi cabeza que sólo piensa en el lado sensato de las cosas. Aunque la sensación de querer desaparecer...bff... demasiado tentadora.
Creo que siempre me ha encantado la idea de poder perderme una temporada. Perderme. Sin móvil, sin compañía, sin Internet. Hacer marcha y vida nueva.
Algún día me sorprenderé a mi misma saliendo por esa puerta de madera, echando la llave al cerrojo, y sin mirar atrás. Algún día no muy lejano estaré lejos. Me gusta ese juego de palabras.
Y, ¿si me quiero perder?.
sábado, 7 de diciembre de 2013
Supongo, intuyo, se.
Supongo, que todo quedó cubierto por una capa de niebla. Por eso mismo no duele tanto.
Supongo, que cada momento vivido, simplemente se convirtió en un recuerdo, con demasiados detalles para poder mantenerse intacto.
No dejo de suponer. Y supongo, que lo hago mal.
Besos perdidos, caricias olvidadas, susurros callados. Todo quedó sepultado bajo ese "algo" más significativo e importante.
Supongo, que ya no me hace falta. Que todo sigue su curso natural.
Supongo, con miedo a suponer, que tu vida sigue. El mundo no se para, aunque estés tirado en el suelo.
Supongo, que la niebla se disipará algún día, que veremos el Sol, y contaremos las estrellas. Supongo, que todo esto empieza a arrancar.
Sigo sin dejar de suponer, dejémosle paso a la intuición.
Intuyo, que no todo es negro; que se pueden sacar sonrisas de flojeras, abrazos reencontrados en el tiempo, palabras hasta tarde que te llenan.
Intuyo que es mejor ahora. Que el pasado es pasado, que no te puedes aferrar a él, pero sí evocarlo con una tierna sonrisa en la cara.
Intuyo, que después de la lluvia todo tiene más color. Y me encuentro en el suelo, sentada con mi chubasquero amarillo puesto, mientras la gente pasea alrededor sin reparar en mi. En la chica empapada, que a pesar de ello, mantiene una pequeña sonrisa.
Simplemente lo se; dejo de intuir.
Se, que la tormenta ha pasado. Que todo amaina y ya se puede ver la luz del faro.
Se, que no por pequeño dejas de ser grande; que no llegas a estar sólo por muy oscura que se vuelva la habitación.
Se, que todo tiene su por qué, aunque en cierto momentos no se lo encontremos.
Se, que suponer es fácil; pero saber, reconforta.
También se, que lo imposible tiene muchos matices; y he aprendido que la improbabilidad deja un gran resquicio a la esperanza.
Prefiero ser improbable a imposible. Y eso, lo se.
Supongo, que cada momento vivido, simplemente se convirtió en un recuerdo, con demasiados detalles para poder mantenerse intacto.
No dejo de suponer. Y supongo, que lo hago mal.
Besos perdidos, caricias olvidadas, susurros callados. Todo quedó sepultado bajo ese "algo" más significativo e importante.
Supongo, que ya no me hace falta. Que todo sigue su curso natural.
Supongo, con miedo a suponer, que tu vida sigue. El mundo no se para, aunque estés tirado en el suelo.
Supongo, que la niebla se disipará algún día, que veremos el Sol, y contaremos las estrellas. Supongo, que todo esto empieza a arrancar.
Sigo sin dejar de suponer, dejémosle paso a la intuición.
Intuyo, que no todo es negro; que se pueden sacar sonrisas de flojeras, abrazos reencontrados en el tiempo, palabras hasta tarde que te llenan.
Intuyo que es mejor ahora. Que el pasado es pasado, que no te puedes aferrar a él, pero sí evocarlo con una tierna sonrisa en la cara.
Intuyo, que después de la lluvia todo tiene más color. Y me encuentro en el suelo, sentada con mi chubasquero amarillo puesto, mientras la gente pasea alrededor sin reparar en mi. En la chica empapada, que a pesar de ello, mantiene una pequeña sonrisa.
Simplemente lo se; dejo de intuir.
Se, que la tormenta ha pasado. Que todo amaina y ya se puede ver la luz del faro.
Se, que no por pequeño dejas de ser grande; que no llegas a estar sólo por muy oscura que se vuelva la habitación.
Se, que todo tiene su por qué, aunque en cierto momentos no se lo encontremos.
Se, que suponer es fácil; pero saber, reconforta.
También se, que lo imposible tiene muchos matices; y he aprendido que la improbabilidad deja un gran resquicio a la esperanza.
Prefiero ser improbable a imposible. Y eso, lo se.
sábado, 30 de noviembre de 2013
Haz que cuente.
Hablemos de locuras. Hablemos de lo que queremos. Hablemos de todo y de nada a la vez. O, simplemente, quedémonos callados.
El ser humano tiene esos momentos. Sí, ya sabéis a cuales me refiero, a esos en los que te comes el mundo; puedes con todo.
Hablemos de la noche. Quedémonos en el día. Brindemos bajo la Luna y conversemos con las estrellas.
O, simplemente, quedémonos callados.
Hablemos hasta quedarnos sin aliento. Hablemos hasta que el frío haya pasado. Riámonos de todo, disfrutemos de la nada.
Callemos recuerdos. Robemos sonrisas. Secuestremos besos y noches vacías.
Llenemos almas. Cerremos los ojos. Disfrutemos del tiempo.
O, simplemente, quedémonos callados.
Sonrojemos caricias. Paremos relojes. Atrapemos esa la luz verde.
Sellemos miradas. Congelemos momentos. Persigamos pensamientos fugaces nocturnos.
Seamos únicos. Seamos imperfectamente perfectos. Busquemos ese puntito.
Hagamos todo eso. O no hagamos nada.
O, simplemente, quedémonos callados.
El ser humano tiene esos momentos. Sí, ya sabéis a cuales me refiero, a esos en los que te comes el mundo; puedes con todo.
Hablemos de la noche. Quedémonos en el día. Brindemos bajo la Luna y conversemos con las estrellas.
O, simplemente, quedémonos callados.
Hablemos hasta quedarnos sin aliento. Hablemos hasta que el frío haya pasado. Riámonos de todo, disfrutemos de la nada.
Callemos recuerdos. Robemos sonrisas. Secuestremos besos y noches vacías.
Llenemos almas. Cerremos los ojos. Disfrutemos del tiempo.
O, simplemente, quedémonos callados.
Sonrojemos caricias. Paremos relojes. Atrapemos esa la luz verde.
Sellemos miradas. Congelemos momentos. Persigamos pensamientos fugaces nocturnos.
Seamos únicos. Seamos imperfectamente perfectos. Busquemos ese puntito.
Hagamos todo eso. O no hagamos nada.
O, simplemente, quedémonos callados.
viernes, 29 de noviembre de 2013
Need time.
Cuando sale por la puerta, él no se gira para decir adiós; coge impulso y sale de la habitación dando un portazo. Uno de esos portazos estruendosos, que sin querer, te sacuden por dentro. De pies a cabeza, notas como el alma se te encoge, como pasas a tener un nudo en la boca del estómago. Esa sensación de vértigo que sólo se puede comparar con un buen y largo looping de la montaña rusa.
Y la puerta se cierra.
Y ahí es cuando te das cuenta, o al menos intentas comprender lo recién sucedido.
Y tu corazón, tu pequeño y primordial compañero de fatigas, late fuerte en el pecho, queriendo ir tras esa esencia que ha salido por la puerta. Anhelando ir tras aquello que inevitablemente se ha perdido.
Pero...¿Se ha ido?¿Realmente se ha ido?. Su perfecto aroma baila suavemente por la habitación, llegando y envolviendo cada pequeño recobeco.
Ya es tarde.
En un arrebato te precipitas hacia la puerta. La abres, pero, muy a tu pesar, no hay más que oscuridad en el frío pasillo.
Ya es tarde.
Una pequeña pero intensa sensación de soledad te recorre la espina dorsal. Te sacude y electrifica cada pequeña célula del cuerpo.
Y te das cuenta.
Ya es tarde.
Ya es tarde.
Y la puerta se cierra.
Y ahí es cuando te das cuenta, o al menos intentas comprender lo recién sucedido.
Y tu corazón, tu pequeño y primordial compañero de fatigas, late fuerte en el pecho, queriendo ir tras esa esencia que ha salido por la puerta. Anhelando ir tras aquello que inevitablemente se ha perdido.
Pero...¿Se ha ido?¿Realmente se ha ido?. Su perfecto aroma baila suavemente por la habitación, llegando y envolviendo cada pequeño recobeco.
Ya es tarde.
En un arrebato te precipitas hacia la puerta. La abres, pero, muy a tu pesar, no hay más que oscuridad en el frío pasillo.
Ya es tarde.
Una pequeña pero intensa sensación de soledad te recorre la espina dorsal. Te sacude y electrifica cada pequeña célula del cuerpo.
Y te das cuenta.
Ya es tarde.
Ya es tarde.
Y ahora estoy aquí, frente al teclado, en una tarde de frío otoñal. Preguntándome qué voy a contar ahora.
Puede que en estos momentos necesite un rinconcito para mis pensamientos. Puede que las libretas de mi mesilla estén llenas. Puede que sea por el hecho de estar sola en el apartamento. Puede, simplemente, que necesite escribir.
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