Hablemos de locuras. Hablemos de lo que queremos. Hablemos de todo y de nada a la vez. O, simplemente, quedémonos callados.
El ser humano tiene esos momentos. Sí, ya sabéis a cuales me refiero, a esos en los que te comes el mundo; puedes con todo.
Hablemos de la noche. Quedémonos en el día. Brindemos bajo la Luna y conversemos con las estrellas.
O, simplemente, quedémonos callados.
Hablemos hasta quedarnos sin aliento. Hablemos hasta que el frío haya pasado. Riámonos de todo, disfrutemos de la nada.
Callemos recuerdos. Robemos sonrisas. Secuestremos besos y noches vacías.
Llenemos almas. Cerremos los ojos. Disfrutemos del tiempo.
O, simplemente, quedémonos callados.
Sonrojemos caricias. Paremos relojes. Atrapemos esa la luz verde.
Sellemos miradas. Congelemos momentos. Persigamos pensamientos fugaces nocturnos.
Seamos únicos. Seamos imperfectamente perfectos. Busquemos ese puntito.
Hagamos todo eso. O no hagamos nada.
O, simplemente, quedémonos callados.
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