viernes, 29 de noviembre de 2013

Need time.

   Cuando sale por la puerta, él no se gira para decir adiós; coge impulso y sale de la habitación dando un portazo. Uno de esos portazos estruendosos, que sin querer, te sacuden por dentro. De pies a cabeza, notas como el alma se te encoge, como pasas a tener un nudo en la boca del estómago. Esa sensación de vértigo que sólo se puede comparar con un buen y largo looping de la montaña rusa.
   Y la puerta se cierra.
   Y ahí es cuando te das cuenta, o al menos intentas comprender lo recién sucedido.
   Y tu corazón, tu pequeño y primordial compañero de fatigas, late fuerte en el pecho, queriendo ir tras esa esencia que ha salido por la puerta. Anhelando ir tras aquello que inevitablemente se ha perdido.
   Pero...¿Se ha ido?¿Realmente se ha ido?. Su perfecto aroma baila suavemente por la habitación, llegando y envolviendo cada pequeño recobeco.
   Ya es tarde.
   En un arrebato te precipitas hacia la puerta. La abres, pero, muy a tu pesar, no hay más que oscuridad en el frío pasillo.
   Ya es tarde.
   Una pequeña pero intensa sensación de soledad te recorre la espina dorsal. Te sacude y electrifica cada pequeña célula del cuerpo.
   Y te das cuenta.
   Ya es tarde.
   Ya es tarde.


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