jueves, 21 de enero de 2016

C'est la vie

   La vida te sorprende haciendo las cosas del revés, y ya lo dijo Fito, no sabes si eres tú el que está cabeza abajo, y persistes en tu empeño de acabar la película. De saltarte los capítulos del libro, de leerte el final y continuar con el epílogo, como Rayuela.
   Ya no sabes de que va la historia, pero te da igual. Bailas por los callejones de vuelta a casa cada madrugada, tropezando en los bordillos y en algún que otro "Te quiero" mal entonado, de los que no se recuerdan por la mañana.
   Exprimes todo lo que tienes, cada segundo, y te guardas las ganas por si te quedas corto. Inmortalizas el momento a través de un filtro, y rezas porque sea alcanzado por cientos de corazones. Deshojando las margaritas desde el sofá, por si alguien le da a un botón, y te alegra la tarde.
   De sonrisas fingidas en la barra de algún bar, o de cómo contar lo que no alcanza a ver la pantalla de tu teléfono. Eso de descubrir el mundo con los ojos escondidos.
   Y saltas en ése sofá. En pijama y con la música a todo volumen. Con los vecinos llamando a la puerta y fundiendo el timbre, mientras hundes la cabeza entre los cojines cantando. "Dos whiskey con naranja y unas patatas fritas, para reírnos de lo perra que es la vida". Creyéndote estrella en el salón de tu casa.
   Curtida en mil despedidas al filo del andén, y especialista en palomitas de microondas, que aplaude los imprevistos cuando cree que nadie mira.
   Escribiendo frases inconexas en los bordes del periódico. Creyéndote Neruda al encontrarles el más mínimo sentido. Corriendo por la vida con los cordones desatados y el pelo suelto, aspirando al infinito, sin tener que tatuarte un ocho en el tobillo.
 
 
 


martes, 12 de enero de 2016

Puede...

   Puede que sea por morderse las uñas, o porque duerme con los dientes apretados. Por empeñarse en lanzar botellas al mar, llenas de arena en vez de palabras...Y perderlas de vista cuando no salen a flote.
   Puede, que no encuentre consuelo en nada más que un puñado de versos rotos, que memorizó hace tiempo y que recita desgastados cuando le viene en gana. Por perder cada noche los calcetines entre las sábanas, y amanecer con los pies fríos.
   Puede ser, que se pierda entre tanto condicional, y no le asome la cabeza para poder coger aire, y se ahogue así en las preguntas del Universo; ese mismo que antes le cobijaba entre sus brazos, y que ahora, le dedica zancadilla tras zancadilla, mientras intenta mantenerse en pie.
   Puede que sea porque perdió aquel pulso con el mundo hace años, y desde entonces intenta buscar algo parecido al hogar, que se aleje de los tintineos del hielo en un vaso de cristal medio vacío. Por no sentarse a esperar leyendo un libro en el metro.
   Puede, que le decepcione recordar, y fallar en su intento de frenar el desenfreno, de derroches de una sola noche, del choque de coches saltando en los charcos que le calan por dentro... Del desespero del que pierde esperando.
   Puede ser, que la aliteración se le quede corta al jugar con la vida, y que no pueda más con las trampas de la anáfora al andar por la calle.
   Puede ser... O que simplemente, no pueda.