Que es tarde, mis uñas son un desastre extrapolable,
y la voz de John Mayer no alcanza a curar mis heridas.
Que no se qué hacer cuando el calor aprieta,
la luz se apaga, y la mente vuela.
Que no le aguanto un asalto a la vida sin chocolate,
ni un duelo de miradas a mi espejo,
aunque lo mire de reojo.
Y ya no se si escribir un verso,
o acabar con un beso y a parte,
la pesada noche que me queda por delante.
Que ya no caben más historias en el cajón de los calcetines,
y el de la ropa interior esta falto de historias con finales.
Que ya no se si empezar el cuento,
o si éste acabó al recluirme en aquella torre.
Si te dedico un punto y coma, o un perdona y seguido,
o si ni siquiera aguanto el suspense
de los puntos, que en fila, me hacen tropezar.
O si, por el contrario, me dedico a ser temerario trapecista,
dando tumbos por la vida.
Saltando de cuerda en cuerda,
cuando tengo cosas realmente importantes que hacer.
Que sigo destrozando la prosa que nace de mis dedos,
y que, vuelo tan lejos,
que mi teclado no llega a alcanzarme.
Y me sirve de terapia, de solución no anunciada,
que llega, que inunda, que arrastra,
y que a veces, te hace olvidar.
que mi teclado no llega a alcanzarme.
Y me sirve de terapia, de solución no anunciada,
que llega, que inunda, que arrastra,
y que a veces, te hace olvidar.