lunes, 19 de junio de 2017

Bla, volumen III


 Que es tarde, mis uñas son un desastre extrapolable,
 y la voz de John Mayer no alcanza a curar mis heridas.
 Que no se qué hacer cuando el calor aprieta, 
la luz se apaga, y la mente vuela.
  Que no le aguanto un asalto a la vida sin chocolate, 
ni un duelo de miradas a mi espejo,
 aunque lo mire de reojo. 

Y ya no se si escribir un verso,
 o acabar con un beso y a parte, 
la pesada noche que me queda por delante.
 Que ya no caben más historias en el cajón de los calcetines, 
y el de la ropa interior esta falto de historias con finales.

   Que ya no se si empezar el cuento, 
o si éste acabó al recluirme en aquella torre. 
Si te dedico un punto y coma, o un perdona y seguido,
 o si ni siquiera aguanto el suspense 
de los puntos, que en fila, me hacen tropezar.
 O si, por el contrario, me dedico a ser temerario trapecista, 
dando tumbos por la vida. 
Saltando de cuerda en cuerda, 
cuando tengo cosas realmente importantes que hacer.

   Que sigo destrozando la prosa que nace de mis dedos, 
y que, vuelo tan lejos,
 que mi teclado no llega a alcanzarme.
Y me sirve de terapia, de solución no anunciada,
que llega, que inunda, que arrastra,
y que a veces, te hace olvidar.











domingo, 18 de junio de 2017

Bla, volumen II

Por favor, llévame a bailar.

Con los tacones en mi mano
y tu mirada en mi vestido.
Que se hagan la una, las dos...
Sin que nadie se vuelva calabaza,
ni que tu pierdas un zapato
que yo no vaya a encontrar.

Por favor, llévame a bailar.

A oscuras, lento, a ritmo de Ben Howard.
Con luces de neón, saltando,
con los Rolling colgando de una guitarra. 
Que se enciendan las luces
y nos apaguemos con ellas;
que se vacíe la sala, y nosotros,
con ganas de más.

Por favor, llévame a bailar.

Que mis pies no toquen el suelo.
Sin prisas, sin normas,
sin portales, ni besos de despedida.
De correr con el pelo revuelto,
y que me arrastres de la mano
 cuando ya no pueda más.
Que amanezca el cielo, rojo, ahogado,
esperando un continuará subtitulado,
que no sabremos escribir.

Por favor, llévame a bailar.











lunes, 5 de junio de 2017

Historia de un (no)retorno

   Puede que le asuste salir de su rutina, por eso arrastra los pies por el pasillo lentamente. En el fondo sabe que no quiere dejar sus zapatillas en la habitación, porque no sabe llenar la maleta de cosas que puedan dejar vacía su casa, su vida.

   Gatea despacio por la estancia. Respira entrecortado ante la maleta. Le asusta. Le angustia. Ese objeto inerte, cobrará vida para llevarle lejos, le atará en otro lugar desde el cual no va a saber volver. Desde el cual todo tomará una perspectiva muy distinta a la que él conoce.

   Rompe las ganas de meterse en la cama, y de coger los billetes del cajón de la cómoda. Pero toma aire y sigue empaquetando recuerdos. Coloca los cojines sobre las sábanas, como si ya no los fuese a volver a ver, y se ve reflejado en espejos que en cuestión de minutos se quedarán mudos.

   El tiempo impasible, anuncia que se acerca el momento. Las manecillas marcan un ritmo que acompaña el correr de unas ruedas de goma sobre le suelo. Esa melodía que él no quiere seguir. Esa canción que le ha tocado cantar.
 
   Una a una apaga las luces de su vida, bajo la atenta mirada de las pequeñas figuras en los marcos de fotos, rostros sonrientes y ahora lejanos. Habitación por habitación, siente un nudo en el pecho como si tirasen de su cuerpo en todas las direcciones posibles. Y la mente se le nubla ante la pesada idea de marchar...

    Echa la vista atrás, y no puede ver más allá de las persianas bajadas. La puerta de entrada surge ante él como el monstruo final de un videojuego, y no se ve capaz de poder salvar a la princesa en esta ocasión.
 
   El pomo frío le vence al abrir la puerta, y al emprender la marcha deja atrás la palabra "Bienvenido" escrita en el suelo, como si nunca volviese a ser leída por nadie, como si él jamás la hubiese leído.