Me ha vuelto a pasar, ¿sabes?. He vuelto a darle al play, sin fijarme en las imágenes. Esas que tanto te importaban, y que tanto te contaban... Pero he bailado con los pies descalzos.
Debería importarme eso de enfrentarme al frío sin mi bufanda al mirarte a los ojos, o salir con la lluvia a tomar unas cervezas en mitad de la noche, cuando la soledad aprieta.
Lo de pedirle la cuenta al miedo que te asalta por las noches, cuando despiertas de golpe, con la llave echada y los sueños a ras de piel.
Tomo nota de la vida que se escapa tras cada tren que sale de la estación, de cada mirada perdida en un libro de Espinosa, y las esperanzas ciegas vertidas en cada trozo de papel arrugado en tu mano. O de cómo naufragar con cada sorbo del café por la mañana.
Ya te he dicho, que me ha vuelto a pasar. Que debería estar estudiando, en vez de golpear el teclado al ritmo de Ben Howard, soltando frases sin sentido mientras me escondo en mi pijama.
Me quejo por quejarme, por costumbre, o por simple aburrimiento.
jueves, 8 de diciembre de 2016
sábado, 1 de octubre de 2016
Otoño.
Llueve, y otra vez es Otoño. El frío vuelve a salvarnos. Tú, tapada hasta la nariz. Debajo de la manta todo parece mejor.
Calcetines por las rodillas y pantalón corto, acompañan al primer café de la mañana. Oasis suena en la cocina. Unos pies torpes que intentan seguir el ritmo. Unas tostadas con mantequilla, que se enfrían encima de la mesa.
Sale el Sol, y sigue siendo Otoño. Aprovechas la tímida franja de luz que entra por la ventana. Piensas que aún estás a tiempo de coger algo de color. Fuera la ciudad vibra. No quieres ir al trabajo hoy.
Duchas rápidas, y mensajes en el espejo empañado del baño. Canciones lentas que recreas como un videoclip. La sonrisa puesta, de quién te espera al otro lado de la cama, y por la que algún día dijiste no poder salir de ella.
Llueve, y esta vez, corres por la calle. Pisas los charcos que tus zapatos no pueden tocar, y los taxis calan, aunque pasen de largo. Chupa de cuero que brilla con el rocío bajo las farolas. Pantalones pitillo que se ciñen aún más a tus piernas.
Nublado, es Otoño, y el metro está lleno. Llegas a tiempo, te sobra la chaqueta y el rubor alcanza tus mejillas. Con el pelo empapado, el corazón latiendo fuerte, y el mundo callado porque en tus auriculares suena "Turnedo". Nadie como Ferreiro entiende los días de lluvia, y te dejas comer por la estación, que desaparece en los reflejos de los cristales.
Calcetines por las rodillas y pantalón corto, acompañan al primer café de la mañana. Oasis suena en la cocina. Unos pies torpes que intentan seguir el ritmo. Unas tostadas con mantequilla, que se enfrían encima de la mesa.
Sale el Sol, y sigue siendo Otoño. Aprovechas la tímida franja de luz que entra por la ventana. Piensas que aún estás a tiempo de coger algo de color. Fuera la ciudad vibra. No quieres ir al trabajo hoy.
Duchas rápidas, y mensajes en el espejo empañado del baño. Canciones lentas que recreas como un videoclip. La sonrisa puesta, de quién te espera al otro lado de la cama, y por la que algún día dijiste no poder salir de ella.
Llueve, y esta vez, corres por la calle. Pisas los charcos que tus zapatos no pueden tocar, y los taxis calan, aunque pasen de largo. Chupa de cuero que brilla con el rocío bajo las farolas. Pantalones pitillo que se ciñen aún más a tus piernas.
Nublado, es Otoño, y el metro está lleno. Llegas a tiempo, te sobra la chaqueta y el rubor alcanza tus mejillas. Con el pelo empapado, el corazón latiendo fuerte, y el mundo callado porque en tus auriculares suena "Turnedo". Nadie como Ferreiro entiende los días de lluvia, y te dejas comer por la estación, que desaparece en los reflejos de los cristales.
lunes, 9 de mayo de 2016
Une question.
Que me respondas, ya no es una respuesta. Que pasen los segundos sin respiro, no me vale lo más mínimo si pasas ausente el infinito. Tú que ya no respondes, y yo, que me pierdo en preguntar.
En lo efímero del Mundo transcurre la vida; en su fragilidad se pierde el Caos. Y en medio de todo eso... Nos encontramos.
Entre idas y venidas de fantasmas por la calle, entre vientos que no soplan desde ningún lado. Entre todo eso y más... Ahí... Y me encuentro, sin palabras que me acompañen.
Cada respuesta, se transforma al rozar los labios de quien no sabe entonar la interrogación, de quien no sabe entender la vida mirando directamente a los ojos.
Y es eso... No sabemos entender la vida, ni nos esforzamos en que ella nos devuelva la oportunidad de redención... No sonreímos, no vivimos, no disfrutamos, sólo cuestionamos y somos cuestionados.
La fría naturaleza del hombre que no deja ver más allá.
Finalmente, el bosque de siempre, que ésta vez, no nos deja ver las nubes.
En lo efímero del Mundo transcurre la vida; en su fragilidad se pierde el Caos. Y en medio de todo eso... Nos encontramos.
Entre idas y venidas de fantasmas por la calle, entre vientos que no soplan desde ningún lado. Entre todo eso y más... Ahí... Y me encuentro, sin palabras que me acompañen.
Cada respuesta, se transforma al rozar los labios de quien no sabe entonar la interrogación, de quien no sabe entender la vida mirando directamente a los ojos.
Y es eso... No sabemos entender la vida, ni nos esforzamos en que ella nos devuelva la oportunidad de redención... No sonreímos, no vivimos, no disfrutamos, sólo cuestionamos y somos cuestionados.
La fría naturaleza del hombre que no deja ver más allá.
Finalmente, el bosque de siempre, que ésta vez, no nos deja ver las nubes.
jueves, 14 de abril de 2016
Bla, bla, bla...
Cuando se secan los ojos y se mojan los labios, y el mañana está tan cerca que parece llamar a la puerta. Cuando no sabes correr sin huir, o mirarte la boca sin susurrarte un beso.
Nunca has estado al borde del abismo, ni tampoco sentido la necesidad de saltar entre las rallas blancas del suelo. No has perdido la fe en lo que todo esto representa, ni quieres quedarte dormido esperando una solución que nunca llega, que fracasa, que aterra...
No mirar atrás significa avanzar, no dejarse llevar por ese "Te quiero" prendido del quizá. Desviar la vista del camino trazado que ya no es. Viajar a ciegas, y despedirse en la niebla.
Nunca has estado al borde del abismo, ni tampoco sentido la necesidad de saltar entre las rallas blancas del suelo. No has perdido la fe en lo que todo esto representa, ni quieres quedarte dormido esperando una solución que nunca llega, que fracasa, que aterra...
No mirar atrás significa avanzar, no dejarse llevar por ese "Te quiero" prendido del quizá. Desviar la vista del camino trazado que ya no es. Viajar a ciegas, y despedirse en la niebla.
jueves, 25 de febrero de 2016
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Destinado a no ser, me descubro los ojos a oscuras, mientras rezo a quien quiera escucharme, con la pesada ilusión del sueño polvoriento que lucha por salir del baúl. Con las ganas rotas del vaso chocando contra la pared, con la esperanza intacta del que se marcha sin querer volver.
La ventaja de ganar el juego, de respirar y cobrar la recompensa. De no morir más veces de las necesarias en un mismo día, y esperar a alguien leyendo un libro... Que al final, sube la marea, y nos sorprende a todos con los pies mojados.
Necesitado de lo inefable colgando de las puertas, de las idas y venidas de un aeropuerto. De ese mañana que nunca llega clavado en la pared... Del vértigo al saltar en la cama, y forzar el atrevimiento de no caer desde tus cinco centímetros de aliento...
¿Qué harías si no tuvieras miedo?.
La ventaja de ganar el juego, de respirar y cobrar la recompensa. De no morir más veces de las necesarias en un mismo día, y esperar a alguien leyendo un libro... Que al final, sube la marea, y nos sorprende a todos con los pies mojados.
Necesitado de lo inefable colgando de las puertas, de las idas y venidas de un aeropuerto. De ese mañana que nunca llega clavado en la pared... Del vértigo al saltar en la cama, y forzar el atrevimiento de no caer desde tus cinco centímetros de aliento...
¿Qué harías si no tuvieras miedo?.
jueves, 21 de enero de 2016
C'est la vie
La vida te sorprende haciendo las cosas del revés, y ya lo dijo Fito, no sabes si eres tú el que está cabeza abajo, y persistes en tu empeño de acabar la película. De saltarte los capítulos del libro, de leerte el final y continuar con el epílogo, como Rayuela.
Ya no sabes de que va la historia, pero te da igual. Bailas por los callejones de vuelta a casa cada madrugada, tropezando en los bordillos y en algún que otro "Te quiero" mal entonado, de los que no se recuerdan por la mañana.
Exprimes todo lo que tienes, cada segundo, y te guardas las ganas por si te quedas corto. Inmortalizas el momento a través de un filtro, y rezas porque sea alcanzado por cientos de corazones. Deshojando las margaritas desde el sofá, por si alguien le da a un botón, y te alegra la tarde.
De sonrisas fingidas en la barra de algún bar, o de cómo contar lo que no alcanza a ver la pantalla de tu teléfono. Eso de descubrir el mundo con los ojos escondidos.
Y saltas en ése sofá. En pijama y con la música a todo volumen. Con los vecinos llamando a la puerta y fundiendo el timbre, mientras hundes la cabeza entre los cojines cantando. "Dos whiskey con naranja y unas patatas fritas, para reírnos de lo perra que es la vida". Creyéndote estrella en el salón de tu casa.
Curtida en mil despedidas al filo del andén, y especialista en palomitas de microondas, que aplaude los imprevistos cuando cree que nadie mira.
Escribiendo frases inconexas en los bordes del periódico. Creyéndote Neruda al encontrarles el más mínimo sentido. Corriendo por la vida con los cordones desatados y el pelo suelto, aspirando al infinito, sin tener que tatuarte un ocho en el tobillo.
Ya no sabes de que va la historia, pero te da igual. Bailas por los callejones de vuelta a casa cada madrugada, tropezando en los bordillos y en algún que otro "Te quiero" mal entonado, de los que no se recuerdan por la mañana.
Exprimes todo lo que tienes, cada segundo, y te guardas las ganas por si te quedas corto. Inmortalizas el momento a través de un filtro, y rezas porque sea alcanzado por cientos de corazones. Deshojando las margaritas desde el sofá, por si alguien le da a un botón, y te alegra la tarde.
De sonrisas fingidas en la barra de algún bar, o de cómo contar lo que no alcanza a ver la pantalla de tu teléfono. Eso de descubrir el mundo con los ojos escondidos.
Y saltas en ése sofá. En pijama y con la música a todo volumen. Con los vecinos llamando a la puerta y fundiendo el timbre, mientras hundes la cabeza entre los cojines cantando. "Dos whiskey con naranja y unas patatas fritas, para reírnos de lo perra que es la vida". Creyéndote estrella en el salón de tu casa.
Curtida en mil despedidas al filo del andén, y especialista en palomitas de microondas, que aplaude los imprevistos cuando cree que nadie mira.
Escribiendo frases inconexas en los bordes del periódico. Creyéndote Neruda al encontrarles el más mínimo sentido. Corriendo por la vida con los cordones desatados y el pelo suelto, aspirando al infinito, sin tener que tatuarte un ocho en el tobillo.
martes, 12 de enero de 2016
Puede...
Puede que sea por morderse las uñas, o porque duerme con los dientes apretados. Por empeñarse en lanzar botellas al mar, llenas de arena en vez de palabras...Y perderlas de vista cuando no salen a flote.
Puede, que no encuentre consuelo en nada más que un puñado de versos rotos, que memorizó hace tiempo y que recita desgastados cuando le viene en gana. Por perder cada noche los calcetines entre las sábanas, y amanecer con los pies fríos.
Puede ser, que se pierda entre tanto condicional, y no le asome la cabeza para poder coger aire, y se ahogue así en las preguntas del Universo; ese mismo que antes le cobijaba entre sus brazos, y que ahora, le dedica zancadilla tras zancadilla, mientras intenta mantenerse en pie.
Puede que sea porque perdió aquel pulso con el mundo hace años, y desde entonces intenta buscar algo parecido al hogar, que se aleje de los tintineos del hielo en un vaso de cristal medio vacío. Por no sentarse a esperar leyendo un libro en el metro.
Puede, que le decepcione recordar, y fallar en su intento de frenar el desenfreno, de derroches de una sola noche, del choque de coches saltando en los charcos que le calan por dentro... Del desespero del que pierde esperando.
Puede ser, que la aliteración se le quede corta al jugar con la vida, y que no pueda más con las trampas de la anáfora al andar por la calle.
Puede ser... O que simplemente, no pueda.
Puede, que no encuentre consuelo en nada más que un puñado de versos rotos, que memorizó hace tiempo y que recita desgastados cuando le viene en gana. Por perder cada noche los calcetines entre las sábanas, y amanecer con los pies fríos.
Puede ser, que se pierda entre tanto condicional, y no le asome la cabeza para poder coger aire, y se ahogue así en las preguntas del Universo; ese mismo que antes le cobijaba entre sus brazos, y que ahora, le dedica zancadilla tras zancadilla, mientras intenta mantenerse en pie.
Puede que sea porque perdió aquel pulso con el mundo hace años, y desde entonces intenta buscar algo parecido al hogar, que se aleje de los tintineos del hielo en un vaso de cristal medio vacío. Por no sentarse a esperar leyendo un libro en el metro.
Puede, que le decepcione recordar, y fallar en su intento de frenar el desenfreno, de derroches de una sola noche, del choque de coches saltando en los charcos que le calan por dentro... Del desespero del que pierde esperando.
Puede ser, que la aliteración se le quede corta al jugar con la vida, y que no pueda más con las trampas de la anáfora al andar por la calle.
Puede ser... O que simplemente, no pueda.
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