Que me respondas, ya no es una respuesta. Que pasen los segundos sin respiro, no me vale lo más mínimo si pasas ausente el infinito. Tú que ya no respondes, y yo, que me pierdo en preguntar.
En lo efímero del Mundo transcurre la vida; en su fragilidad se pierde el Caos. Y en medio de todo eso... Nos encontramos.
Entre idas y venidas de fantasmas por la calle, entre vientos que no soplan desde ningún lado. Entre todo eso y más... Ahí... Y me encuentro, sin palabras que me acompañen.
Cada respuesta, se transforma al rozar los labios de quien no sabe entonar la interrogación, de quien no sabe entender la vida mirando directamente a los ojos.
Y es eso... No sabemos entender la vida, ni nos esforzamos en que ella nos devuelva la oportunidad de redención... No sonreímos, no vivimos, no disfrutamos, sólo cuestionamos y somos cuestionados.
La fría naturaleza del hombre que no deja ver más allá.
Finalmente, el bosque de siempre, que ésta vez, no nos deja ver las nubes.
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