martes, 17 de noviembre de 2020

Nicotina

Fumo deprisa y a oscuras, 
mientras la luz intermitente de la colilla
ilumina los 8 centímetros que separan
mi yo de ahora, 
la que está sentada,
en medio de un noviembre bisiesto y caluroso,  
de mi mente enturbiada, 
la que no sabe separar el caos interno
del resto del envoltorio. 

Encerrada entre cuatro paredes mal ventiladas,
culpando al amanecer de nunca llegar a tiempo, 
rozo el humo que exhalo con soltura
y se disuelve en el aire, 
entre mis dedos,
como acto reflejo de mi parpadeo nubloso. 

Y ya no se si son mis miedos los que se esfuman,
o si es la nicotina acechando a mi cerebro 
con su efecto mariposa, 
el cigarrillo que se consume a 6 centímetros de mi aliento, 
desatando un desastre más allá de mis fuerzas.

Será problema de mi yo del futuro,
de mi yo sentada en medio de una cama desnuda, 
de las notas de los Stones que sanan de fondo, 
de la luz que va acortando la distancia, 
de los 3 centímetros que separan mis labios del fuego. 

Y sigo fumando nerviosa, 
esperando el final que no quiero que llegue,
pensando en cuantos vendrán después,
en cuantos se marcharon antes de ser ceniza...

Inhalo un último momento de calma
entumeciéndose mis pensamientos, 
sabiendo que al acabar no encontraré el mechero, 
como siempre, 
y me sentiré perdida, 
como nunca. 

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