El amanecer me volvió a sorprender abrazada a ti. Los rayos del Sol nos acarician, mientras tímidamente me escondo entre las sábanas. Me estiro, hago algún ruidito, y me abrazo aún más a ti.
No se cuanto puede durar ese momento, pero te veo ahí, a mi lado, con la ropa justa y dormido; y bebo de ese instante deseando que dure eternamente.
Y es que lo mágico de las noches es ese enredo de sábanas, de besos perdidos y caricias encontradas. Ese "Quiero y puedo". Y lo haces. Y lo perfecto de esas noches, es ver cómo todo ese juego, se resuelve en un encuentro de miradas dormidas, de besos mañaneros, y un "Estas preciosa recién levantada" entre bostezos, bromas y sonrisas.
No te das cuenta, pero no quieres salir de esa cama, alargas los besos todo lo que puedes y más, pides uno de esos abrazos infinitos... Y te pierdes.
La mañana continúa entrando, sin cesar en su intento de sacar esas dos almas de la cama. Pero te niegas a aceptarlo. Y no lo aceptas.
Me quedo ahí, mirando esos ojos marrones. Y no quiero nada más.
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